Los Muros de la hipocresía y del Imperialismo.

Muro de Israel en PalestinaMientras unos muros caen otros muros de la hipocresía y la desvergüenza se levantan. Varios muros se han levantado después de noviembre de 1989, tres vergonzantes muros que la prensa burguesa no desea denunciar en sus noticieros y editoriales: el que construye el gobierno de Estados Unidos en la frontera con México, bajo el pretexto de “proteger” a sus ciudadanos de la emigración proveniente de su traspatio, el muro de los Halcones, hecho por el Estado de Israel en la parte occidental de Jerusalén para separar a esta ciudad de Cisjordania y la famosa vaya construida por el gobierno español en Ceuta y Melilla con el pretexto de controlar la emigración ilegal.

La alambrada USA se inició, estratégicamente, desde 1980 en el límite entre Tijuana y San Isidro-San Diego, justo en el punto donde se da el mayor número de cruces fronterizos en todo el mundo. La ciudad de Tijuana es la puerta mayor, sureña y natural de la barbarie, el vicio y los emigrantes, aspirados por las ávidas fosas nasales del Tío Sam, esto es, por las necesidades de sus adictos y de su economía. En 1994, como parte del programa norteamericano de contención de la inmigración ilegal conocido como “Operación Guardián”, se reinició la construcción, no cabe decir edificación, de la valla con la intención de hacerla crecer lo más posible, en ciertos puntos clave, a lo largo de la frontera con Arizona, Nuevo México y Texas.

La Border Patrol opera la vigilancia con equipo de visión nocturna, patrullas, helicópteros y aviones no tripulados, iguales a los usados en la guerra contra Irak. La extensión de esta herida en 2008 era ya de 750 kilómetros, y en los próximos años podría llegar a mil 123, dimensión ampliamente superada por la propia de la Muralla China, barrera defensiva que llegó a tener una longitud de 6 mil 350 kilómetros.

De 1994 a la fecha 3 mil emigrantes mexicanos y centroamericanos han muerto en su fallido intento por trabajar y vivir en el paraíso del billete verde. La cara sur del paredón luce en su frente otro tanto de cruces que recuerdan a los emigrantes fallecidos en el lugar de la ignominia.

Otra obra de la desfachatez es el muro de Israel. Los Halcones, un grupo de ultraderecha con gran poder e influencia en el gobierno israelí, se han encargado de hacer a los palestinos algo similar a lo que los nazis hicieron con sus ancestros judíos en la Europa de la Segunda Guerra Mundial confinados en la Franja de Gaza y fuera de la muralla de Jerusalén. En 2002 se inició la construcción de la llamada “Valla de la separación”. En los bordes de Jerusalén, esta barrera es de hormigón, tiene una longitud de 30 mil metros y se adentra, invasiva, hasta 22 kilómetros en territorio cisjordano. En 2008 la oprobiosa valla alcanzó 409 kilómetros (57 por ciento de los 721 que pretende medir), dejando confinadas a ciudades tan importantes como Belén y Jericó. Ahora resulta que los israelíes son los que construyen “ghetos” para confinar a sus primos hermanos, los palestinos.

En Cisjordania miles de seres humanos tienen un muro como único horizonte de vida. Las relaciones familiares de varias etnias y grupos se han visto seriamente afectadas, miles de campesinos están separados de sus campos de labor y no pocos niños viven desconectados de sus centros escolares. Cerca de 2 millones de cisjordanos han visto mermada significativamente su vida económica, directa o indirectamente; alrededor de 550 puestos de control militarizados controlan sus movimientos por el área; ni qué decir sobre su acceso limitado y hasta prohibido a los lugares sagrados que comparten con los judíos de Jerusalén.

El hombre siempre ha tenido miedo a ser agarrado, teme que otros, los enemigos de al lado, le metan garra. Para controlar sus temores ha levantado castillos, paredones y muros que dividen y separan. La guerra, las vallas y la ambición de poder forman parte de la naturaleza individual y colectiva de aquellos que celebran la caída de un viejo muro para estar levantando al mismo tiempo otros. Y sólo nosotros mismos podremos, probablemente, con base en la cultura, derruir estas inveteradas ataduras que nos impelen a construir los muros de la vergüenza del Imperialismo y sus aliados.

Nuestro Gobierno mandó construir a finales del siglo XX dos barreras físicas en Ceuta y Melilla. Los 8,2 kilómetros de alambrada en Ceuta y 12 kilómetros en Melilla se han ido modernizando y los ceutíes y melillenses sufren hoy las consecuencias de vivir en una ciudad amurallada, con barreras de hasta seis metros, cámaras infrarrojas, difusores de gases lacrimógenos, laberinto de cables trenzados y piquetes de 1 a 3 metros de altura a su alrededor. La existencia de la valla ha obligado a muchos inmigrantes irregulares de origen subsahariano a optar por la vía de la patera para viajar a las costas españolas, lo que ha provocado la muerte de por lo menos 4.000 personas que se han ahogado intentando cruzar el Estrecho de Gibraltar.

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